Mientras él continuaba con su cotidianidad,
ella lloraba todos los días.
A veces la miraba, la abrazaba,
y otras veces simplemente la ignoraba.
Su dolor se volvió repetitivo,
y quizás por eso él nunca le prestó verdadera importancia.
Ella siempre habló,
pero sus palabras jamás tuvieron impacto,
porque nunca fueron escuchadas.
Ante los ojos de él,
ella no era más que una mujer de emociones volubles,
cuando en realidad solo deseaba
que reconociera sus errores.
Pero él era incapaz de hacerlo.
Minimizaba todo.
Y lo que un día fue encanto,
terminó convertido en desencanto.